jueves, 3 de mayo de 2012

DE JUAN PABLO II PARA LOS TRABAJADORES



El trabajo no es una maldición, es una bendición de Dios que llama al hombre a dominar la tierra y a transformarla, para que con la inteligencia y el esfuerzo humano continúe la obra creadora y divina.

La técnica contemporánea crea toda una polémica nueva y a veces produce desempleo, pero también  grandes posibilidades que reclaman en el trabajador una preparación cada vez mayor y una aportación de su capacidad humana e imaginación creadora. Para ello el trabajo no ha de ser una mera necesidad, ha de ser visto como una verdadera vocación, un llamamiento de Dios a construir un mundo nuevo en el que habiten la justicia y la fraternidad, anticipo del reino de Dios, en el que no habrá ya ni carencias, ni limitaciones.
     
                                                                                                      Guadalajara, 1979

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