DE JUAN PABLO II PARA LOS TRABAJADORES
El trabajo no es una maldición, es una bendición de Dios que
llama al hombre a dominar la tierra y a transformarla, para que con la
inteligencia y el esfuerzo humano continúe la obra creadora y divina.
La técnica contemporánea crea toda una polémica nueva y a
veces produce desempleo, pero también grandes posibilidades que reclaman en el
trabajador una preparación cada vez mayor y una aportación de su capacidad
humana e imaginación creadora. Para ello el trabajo no ha de ser una mera
necesidad, ha de ser visto como una verdadera vocación, un llamamiento de Dios
a construir un mundo nuevo en el que habiten la justicia y la fraternidad,
anticipo del reino de Dios, en el que no habrá ya ni carencias, ni
limitaciones.
Guadalajara, 1979
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